Origen e historia
El Día de San Berchtoldo, conocido en alemán como 'Berchtoldstag', tiene sus raíces en la Edad Media. La festividad honra al duque Berchtoldo V de Zähringen (1160-1218), quien fundó la ciudad de Berna en 1191. Según la leyenda, el nombre 'Berna' proviene del primer animal que cazó el duque en la zona: un oso (Bär en alemán). La fecha del 2 de enero se estableció como día festivo en el cantón de Berna y posteriormente se extendió a otras regiones de Suiza.
Originalmente, el 2 de enero era el día de la 'Circuncisión del Señor' en el calendario litúrgico, pero en el siglo XVI, con la Reforma protestante, muchas festividades religiosas fueron reemplazadas por celebraciones cívicas. Así, el Día de San Berchtoldo se convirtió en una festividad laica que conmemora la fundación de Berna y la figura del duque Berchtoldo. Con el tiempo, la tradición se mantuvo principalmente en los cantones de habla alemana, como Berna, Zurich, Lucerna y otros.
Costumbres y tradiciones
Las celebraciones del Día de San Berchtoldo varían según la región, pero incluyen actividades invernales típicas. En muchas localidades, la gente aprovecha para patinar sobre hielo en pistas al aire libre o lagos congelados. También son comunes los conciertos de bandas locales, desfiles y eventos comunitarios. En algunas zonas, se organizan mercados y ferias con comida tradicional.
La gastronomía tiene un papel importante: se consumen platos típicos como la fondue de queso, la raclette, y salchichas con pan. En el cantón de Berna, es tradicional hornear el 'Berchtoldstag-Brötli', un panecillo dulce con pasas. También se bebe vino caliente (Glühwein) y chocolate caliente para combatir el frío. En algunas comunidades, los niños cantan villancicos o realizan pequeñas representaciones teatrales sobre la fundación de Berna.
Por qué se celebra
El Día de San Berchtoldo es una celebración de identidad regional y orgullo local, especialmente en el cantón de Berna. Sirve para recordar la historia medieval de Suiza y la figura del duque Berchtoldo V, cuyo legado perdura en la arquitectura y las tradiciones de la capital. Además, marca el cierre de las festividades navideñas, siendo el último día festivo antes del regreso a la rutina laboral.
Para los suizos, esta jornada es un momento de reunión familiar y comunitaria, donde se refuerzan los lazos sociales a través de actividades al aire libre y gastronomía típica. Aunque no es un día festivo nacional, goza de gran popularidad en las regiones donde se celebra, simbolizando la continuidad de las tradiciones culturales suizas en un contexto moderno.