Origen e historia
La devoción a Nuestra Señora de la Altagracia se remonta a la época colonial. Según la tradición, en 1502, dos hermanos originarios de Plasencia, España, llevaron a la isla una pintura de la Virgen María con el Niño Jesús, atribuida al artista español Alonso de Sedano. La imagen fue instalada en la iglesia de Higüey, donde rápidamente se convirtió en objeto de veneración. En 1691, la Virgen fue milagrosamente invocada antes de la Batalla de la Limonada, que resultó en una victoria dominicana sobre los franceses. Este hecho consolidó su papel como protectora de la nación. El Papa Pablo VI la declaró patrona principal de la República Dominicana en 1922, y su festividad fue establecida el 21 de enero.
Costumbres y tradiciones
El 21 de enero, millones de dominicanos, especialmente de Higüey, realizan peregrinaciones a la Basílica de Nuestra Señora de la Altagracia. Muchos caminan kilómetros, algunos descalzos, como promesa o agradecimiento. La misa principal es presidida por el arzobispo y asisten autoridades civiles y religiosas. Durante la celebración, se ofrecen flores, velas y cantos a la virgen. La gastronomía típica incluye el 'mangú', 'sancocho' y dulces como el 'dulce de leche'. Las comunidades decoran sus hogares con banderas dominicanas y altares a la virgen. También se realizan procesiones, fuegos artificiales y festivales culturales en todo el país.
Por qué se celebra
La Virgen de la Altagracia simboliza la identidad y la unidad del pueblo dominicano. Su festividad no solo es una expresión de fe católica, sino también un evento que refuerza los lazos familiares y comunitarios. Para los dominicanos, la Altagracia es la madre protectora que intercede ante Dios por la nación. La celebración representa la gratitud por los favores recibidos y la esperanza en el futuro, siendo un pilar de la cultura y la espiritualidad dominicana.