Origen e historia
El Viernes Santo tiene su origen en la tradición cristiana que recuerda la crucifixión y muerte de Jesús de Nazaret en el Calvario, según los evangelios. En Panamá, la celebración fue introducida por los colonizadores españoles a partir del siglo XVI, quienes trajeron consigo las prácticas religiosas católicas. Durante la época colonial, la Iglesia católica estableció las procesiones y representaciones de la Pasión como parte de la evangelización de la población indígena y mestiza. Con el tiempo, estas tradiciones se fusionaron con elementos culturales locales, dando lugar a expresiones únicas como las procesiones del Nazareno de Atalaya o la celebración en Villa de Los Santos, que datan de los siglos XVII y XVIII. La influencia española se mantuvo firme, y el Viernes Santo se consolidó como un día de luto y recogimiento, marcado por el silencio de las campanas y la prohibición de actos festivos.
Costumbres y tradiciones
En Panamá, el Viernes Santo se caracteriza por la realización de procesiones que representan el Vía Crucis, donde los fieles recorren las calles cargando imágenes religiosas, como el Nazareno o la Dolorosa. En muchas comunidades, como Las Tablas o Penonomé, se llevan a cabo representaciones vivientes de la Pasión de Cristo, con actores vestidos de época. Es tradicional que los hogares católicos cuelguen telas moradas en puertas y ventanas como señal de luto. La gastronomía juega un papel importante: se consume pescado seco, guacho de mariscos, arroz con coco y dulces típicos como el huevito de leche. No se come carne roja como muestra de respeto. Las familias suelen reunirse para compartir estos platos y asistir juntos a los oficios religiosos, que incluyen el Sermón de las Siete Palabras y la Adoración de la Cruz.
Por qué se celebra
El Viernes Santo es el día central de la Semana Santa en Panamá, pues conmemora el sacrificio de Jesucristo por la salvación de la humanidad. Para la mayoría de los panameños, especialmente los católicos, representa un momento de reflexión espiritual, arrepentimiento y renovación de la fe. Es una fecha de profundo respeto religioso, donde las actividades comerciales y de entretenimiento se reducen al mínimo, y se prioriza la oración y la participación en los actos litúrgicos. La celebración no solo tiene un significado religioso, sino también cultural, ya que fortalece la identidad nacional a través de tradiciones que se transmiten de generación en generación.