Origen e historia
El Carnaval panameño hunde sus raíces en la tradición católica de despedida de la carne antes de la Cuaresma, traída por los colonizadores españoles a partir del siglo XVI. En el istmo se fusionó con las celebraciones de los pueblos originarios y con la cultura afroantillana que llegó con la construcción del ferrocarril y del Canal, dando lugar a un carnaval propio y distintivo.
Durante la época colonial y los primeros años republicanos, el Carnaval se celebraba principalmente en la ciudad de Panamá con bailes de salón, mascaritas y paseos. Con el tiempo, las provincias del interior, especialmente Azuero, desarrollaron sus propias formas: Las Tablas consolidó a fines del siglo XIX y principios del XX la rivalidad entre las tunas y los callejones, mientras Chitré y otras cabeceras adoptaron comparsas y reinados.
El Estado panameño reconoció oficialmente el Carnaval como fiesta nacional, y el Martes de Carnaval quedó como el último día de jolgorio antes del recogimiento cuaresmal. A lo largo del siglo XX se incorporaron orquestas, carros alegóricos y la figura de la reina del Carnaval, hasta convertirlo en una de las celebraciones más multitudinarias del calendario panameño.
Costumbres y tradiciones
El Martes de Carnaval es el día de mayor intensidad: se realizan desfiles de comparsas y carros alegóricos, presentaciones de orquestas y conjuntos típicos, y el tradicional entierro de la sardina, que simboliza el fin de la fiesta. En Las Tablas la jornada culmina con la disputa entre la calle Arriba y la calle Abajo, que compiten con tunas, reinas y carrozas durante los cuatro días.
La gastronomía carnavalera incluye platos como la saril de gallina, el sancocho, los bollos de maíz nuevo, los pastelitos, las empanadas y los dulces de coco y nance; se consume abundante chicha de maíz, jugos naturales y bebidas espirituosas. En muchas regiones es habitual la mojadera: personas que se lanzan agua, pintura o harina entre sí, especialmente en Chitré y en barrios populares de la capital.
Las familias suelen reunirse en casas y en las plazas; los niños participan en comparsas infantiles y en el entierro de la sardina. La música de acordeón y tamborito, junto con ritmos caribeños, acompaña el día hasta altas horas de la madrugada. En la ciudad de Panamá, las celebraciones se concentran en la Cinta Costera y en corregimientos como Calidonia y San Miguelito.
Por qué se celebra
El Martes de Carnaval es la culminación simbólica del tiempo de excesos y alegría que precede al Miércoles de Ceniza, cuando comienza la Cuaresma. Para los panameños representa una válvula de escape colectiva, una afirmación de identidad regional y una oportunidad de encuentro comunitario en torno a la música, la comida y la tradición.
En localidades como Las Tablas, el carnaval es además un marcador de pertenencia: la rivalidad entre calle Arriba y calle Abajo se transmite de generación en generación y refuerza la cohesión social. El Estado lo declara fiesta nacional y las autoridades organizan operativos de seguridad y salud, lo que refleja su peso económico y cultural en el país.