Origen e historia
El Día del Niño tiene sus raíces en la antigua festividad china del Doble Cinco (Duanwu), introducida en Japón durante el período Nara (710-794). Originalmente conocido como Tango no Sekku (Festival del Quinto Día), se celebraba el quinto día del quinto mes lunar. Durante el período Heian (794-1185), la festividad se asoció con la protección contra los malos espíritus y las enfermedades, usando plantas de iris (shobu) por sus propiedades medicinales y su aroma.
En el período Edo (1603-1868), Tango no Sekku se convirtió en un festival para celebrar a los niños varones, especialmente los hijos de samuráis. Las familias exhibían cascos y armaduras de samurái para desear fuerza y valentía a sus hijos. Después de la Segunda Guerra Mundial, en 1948, el gobierno japonés renombró la festividad como Kodomo no Hi (Día del Niño) para celebrar a todos los niños, tanto varones como niñas, y promover su bienestar.
Costumbres y tradiciones
En Kodomo no Hi, las familias izan banderas con forma de carpa (koinobori) al aire libre. Las carpas simbolizan fuerza y determinación, ya que según la leyenda china, una carpa que nada contra la corriente puede convertirse en un dragón. Tradicionalmente, se iza una carpa grande negra para el padre, una roja para la madre, y carpas más pequeñas de colores para cada hijo, en orden de edad.
Dentro de las casas, se exhiben muñecos samurái con armaduras y cascos (gogatsu ningyo) para inspirar coraje. Las comidas típicas incluyen chimaki (pasteles de arroz envueltos en hojas de bambú) y kashiwamochi (pasteles de arroz rellenos de pasta de frijol rojo y envueltos en hojas de roble). También se bañan con hojas de iris (shobu-yu) para ahuyentar enfermedades.
Por qué se celebra
Kodomo no Hi es una celebración que expresa el deseo de que los niños crezcan sanos y felices. Aunque originalmente se centraba en los niños varones, hoy es un día para honrar a todos los niños y agradecer a las madres. Forma parte de la Semana Dorada, un período festivo de varios días en Japón. La festividad refleja valores culturales como la perseverancia (simbolizada por la carpa) y la protección familiar, así como la conexión con las tradiciones samurái y la naturaleza.