Origen e historia
El Día del Verde tiene su origen en el cumpleaños del emperador Hirohito (Shōwa), que era el 29 de abril. Tras su muerte en 1989, el día pasó a llamarse 'Día del Verde' para honrar su amor por la botánica y la naturaleza, ya que el emperador era un apasionado biólogo marino. Sin embargo, en 2007, el Día del Verde se trasladó al 4 de mayo, mientras que el 29 de abril se convirtió en el Día de Shōwa, en honor a la era del emperador.
Originalmente establecido en 1989, el cambio de fecha buscó crear un feriado continuo durante la Semana Dorada (Golden Week), un período de varios días festivos a finales de abril y principios de mayo. El Día del Verde se concibió como un momento para que los japoneses se reconectaran con la naturaleza y reflexionaran sobre el medio ambiente, aprovechando la temporada de primavera.
Costumbres y tradiciones
Durante el Día del Verde, los japoneses suelen pasar tiempo al aire libre visitando parques, jardines botánicos y áreas naturales. Es común hacer picnics, caminatas o simplemente disfrutar de la belleza de los cerezos en flor tardíos y otras flores primaverales. Muchos zoológicos y acuarios ofrecen entrada gratuita o descuentos especiales para alentar la apreciación de la naturaleza.
Las comidas típicas incluyen bentō (comida para llevar) con ingredientes de temporada, como verduras frescas y flores comestibles. También se preparan dulces tradicionales como sakura mochi (pastel de arroz envuelto en hoja de cerezo) y se bebe té verde. Algunas personas participan en actividades de plantación de árboles o limpieza de parques como una forma de contribuir al medio ambiente.
Por qué se celebra
El Día del Verde celebra la importancia de la naturaleza en la vida japonesa y fomenta el cuidado del planeta. Es un recordatorio de la conexión entre los humanos y el entorno natural, un valor profundamente arraigado en la cultura japonesa, desde el sintoísmo hasta la práctica del shinrin-yoku (baños de bosque).
Además, este feriado forma parte de la Semana Dorada, un período de descanso y reflexión para los trabajadores japoneses. Simboliza un momento para apreciar la biodiversidad y promover la sostenibilidad, alineándose con los esfuerzos globales de conservación ambiental.